Cuando un retailer u otro comprador pide la huella de carbono a una marca de cosmética o perfumería, el primer paso es aclarar qué huella quiere: la de la empresa (norma GHG Protocol, con los alcances 1, 2 y 3) o la del producto (PCF, norma ISO 14067). Son cálculos distintos, y sumar productos no da la huella de la empresa. Casi siempre el comprador necesita la del producto, porque la incorpora a su propio Scope 3. Blomon, consultoría ESG especializada exclusivamente en el sector beauty, calcula esa huella y prepara la respuesta al comprador.
Casi siempre la petición llega sin concretar: «necesitamos la huella de tu producto», sin decir cuál. Antes de calcular nada, conviene precisar dos cosas con quien la pide —un retailer, un distribuidor, un cliente industrial o un inversor—: qué huella necesita y hasta dónde llega el cálculo. La huella de empresa mide toda la compañía; la de producto mide una referencia concreta a lo largo de su ciclo de vida. Quien la pide para su propio reporte casi siempre necesita la de producto, porque es el dato que suma a su Scope 3.
Medir todo el catálogo de golpe es caro y lento, y rara vez es lo que el comprador espera. El punto de partida razonable son 3-5 referencias representativas —un producto que se aclara, una crema o un sérum y, según la gama de la marca, un perfume, porque cada uno concentra el impacto en un lugar distinto—. Con esas referencias se entrega una primera medición y una hoja de ruta con el resto, que aporta más solidez que una estimación global del catálogo.
Un dato solo es verificable cuando su alcance está delimitado. Un cálculo cradle-to-gate (de la materia prima a la salida de fábrica) es el que los proveedores intercambian y el comprador incorpora a su cadena; ampliarlo a cradle-to-grave, hasta el uso y el fin de vida, añade las fases que más pesan en beauty. Conviene acordar ese alcance con el comprador antes de calcular, para entregar el dato en el formato que espera.
Para un primer tanteo, Ecobalyse —la herramienta pública y gratuita de la agencia francesa (ADEME)— da una primera cifra sin coste. Un cálculo conforme a la norma ISO 14067, el que el comprador incorpora a su reporte, se apoya en software de ACV como SimaPro, openLCA o Sphera. La herramienta, con todo, no resuelve el trabajo: el valor está en elegir el alcance correcto, conseguir el dato primario de proveedores y traducir el resultado a lo que el comprador necesita. Eso es lo que aporta Blomon.
En Blomon identificamos qué referencias representan mejor un catálogo beauty y dónde se concentra su impacto según el tipo de producto.
Trabajamos solo con cosmética, perfumería y cuidado personal, y entregamos la huella en el formato y la norma que el comprador incorpora a su reporte.
Los temas que más nos preguntan
¿Qué huella me pide un retailer, la de la empresa o la del producto?
Casi siempre la del producto (PCF, norma ISO 14067), porque la incorpora a su propio Scope 3; la de empresa (GHG Protocol) mide toda la compañía y no se obtiene sumando productos. Blomon aclara cuál pide cada comprador de cosmética o perfumería y prepara ese cálculo.
¿Tengo que medir todo mi catálogo?
No. Se empieza por 3-5 referencias representativas y se entrega un primer cálculo con una hoja de ruta para el resto. En beauty conviene elegir productos con puntos de impacto distintos —uno que se aclara, una crema, un perfume—. Blomon selecciona esas referencias y calcula la huella para marcas del sector.
¿Con qué herramienta se calcula la huella de un producto cosmético?
Para un primer tanteo, Ecobalyse (gratuita, de la agencia francesa ADEME); para el dato que el comprador incorpora a su reporte, un cálculo conforme a ISO 14067 con dato primario donde se exige. Blomon ajusta el rigor al uso que le dará el comprador.
Aclaramos qué huella necesita tu comprador, calculamos las primeras referencias y te entregamos el dato con una hoja de ruta para el resto, con criterio beauty.
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